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viernes, abril 21, 2006 

Salvador Allende: los problemas de hacer revolución siendo minoría

Aunque la UP obtuvo una victoria histórica –por primera vez un presidente de la izquierda marxista llegaba al poder capturando votos libres e informados–, nunca logró hacerse de manera efectiva del poder político en Chile. Desde el principio el gobierno luchó por imponer su proyecto tan original de socialismo a la chilena, haciendo reales buena parte de las medidas propuestas en el programa de gobierno de la coalición. Inspirado en las reservas de idealismo características del sector que lo apoyaba, creyó que era posible despertar un sentimiento socialista en la mayoría de los chilenos. Desgraciadamente, tan pronto asumió quedó de manifiesto el problema básico que va a afectar a su corto mandato de tres años: ese sueño socialista, nunca logró subyugar la imaginación de la mayoría de los chilenos. Esa fue la tragedia del “modelo chileno de transición al socialismo”.

Luego del éxito electoral la UP solo logró controlar el Ejecutivo. El poder Legislativo permaneció bajo control de la derecha. Si Allende quería hacer transformaciones dentro de la ley, primero tenía que conseguir que los parlamentarios le pasaran sus proyectos. Difícil cuando no se cuenta con los votos suficientes. El mismo problema se le planteó al interior de los organismos que debían fiscalizar todo el proceso legislativo y las actuaciones del gobierno: tanto el poder Judicial como la Contraloría General de la República, siguieron, como antes, bajo el contro de profesionales o burócratas que pertenecían a las filas de aquellos dos tercios que no habían votado por Allende.

Se planteó, entonces, el dilema de cómo construir el paraíso socialista de una manera democrática a partir de una posición de franca minoría.

¿Se puede?

Analicemos los datos.

En la década de 1960 la participación de la gente en la política y en las distintas modalidades de la vida social fue mucho más activa. Fue una década de cambios y de movilización. Fue, puede decirse, una década de izquierdización, en que el progresismo dejó de ser una excentricidad. Progresismo e izquierdización de los chilenos. Pero ¿bajo el sello marxista? ¿fue una década para socialistas y comunistas?. La verdad es que no.

En esa década el tamaño del electorado se amplió de manera importante. Entre los patrones electorales de 1964 y de 1970 hay una diferencia de 416.731 inscritos. Los estudios, sin embargo, nos muestran que solo un 13,3% de esos nuevos votantes se inclinaron por Allende. Como la DC estaba viviendo una debacle electoral, la consecuencia más clara es la siguiente: fue Alessandri el que se llevó la mayor proporción de los nuevos votantes, de esa gente que se había movilizado a última. Esta situación era graficada, entonces, por las encuestas, que favorecían largamente al candidato de derecha. El país, pues, parecía estar derechizándose levemente. O por lo menos, no yendose para la izquierda. El escenario para Allende y su proyecto, se ve, era sumamente adverso. Había pocas razones para ilusionarse por el triunfo. Sin embargo el triunfo si se produjo. Pero por una especie de error de secretaría, no porque el proyecto popular hubiera prendido en la sociedad: los sectores mayoritarios del país, de centro y derecha, fueron incapaces de estructurar una coalición, debido a la gran ‘traición’ DC (la reforma agraria, aplicada por Frei luego de haber recibido votos de derecha).

Allende creía que este escenario cambiaría cuando ejerciera de manera efectiva su mandato, creía que su proyecto utópico y minoritario, sin embargo, podría prender. Sin embargo el panorama no era particularmente aspicioso. El presidente enfrentaba serios desafíos con el costado izquierdo y el derecho del espectro político, además de los que tenía en el mismísimo ‘frente interno’ de la UP.

Veamos esas dificultades.

¿Quiénes estaban realmente del lado de Allende en el apoyo del “segundo modelo de transición al socialismo”. La verdad es que muchos menos de lo que uno supone. Porque no había muchos que creyeran, como los intelectuales que habían forjado el proyecto, que podía impulsarse cambios radicales sin que ellos supusiera, a la vez, la destrucción completa de las instituciones y procedimientos de la antigua democracia chilena. Solo los comunistas, una parte de los radicales y una fracción menor del socialismo creía en su receta de cambios progresistas pero en democracia.

Para importantes sectores de la izquierda era claro que si se destruía la base socioeconómica del viejo orden las reglas y procedimientos de la democracia pluralista burguesa tendrían que perder su base de legitimidad. En esta línea estaba claramente el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR). El MIR creía que las propuestas de Allende eran quimeras. Pensaba que el único camino para dar forma al socialismo era el del levantamiento violento de campesinos y trabajadores. El MIR apoyó tibiamente a Allende, en la campaña. Pero la verdad es que siempre dio por sentado que no era posible impulsar cambios reales por la vía legal. Eso quedó claro a muy poco del inicio del mandato de Allende, cuando MIR se volvió un franco enemigo del régimen, siempre dedicado a desestabilizarlo. Esta postura era compartida por el grueso del propio Partido Socialista. La facción más extremista había tomado control del partido en las elecciones internas, dejando como leales a Allende solo al sector moderado del partido, liderado por Aniceto Rodriguez. Al lado de ellos estaba el Mapu.

Estos sectores, que no creían que fuera posible construir el socialismo por una vía legal y democrática, fueron una espina en el zapato del gobierno. Entre otros motivos porque sus objetivos revolucionarios eran completamente utópicos. Querían la insurrección pero nunca tuvieron un plan y una línea de acción. Solo tenían claro que había que acelerar las contradicciones, apurar los procesos sin pausa, sin atender a las demandas, hasta las suplicas del propio gobierno. Algunos incluso soñaban con que se creara tal descalabro para que debieran intervenir los sectores reaccionarios apoyados por las fuerzas armadas. Luego del golpe vendría la represión brutal y, detrás de ella, la revolución. Otros soñaban con fracturar las fuerzas armadas, para que estallara una guerra civil, en que se enfrentaran bandos rivales de uniformados, que sería coronada con la insurrección. Estos sectores impidieron que Allende tuviera nunca un verdadero control de sus fuerzas políticas. Eran ellos los que alentaban las tomas ilegales, las situaciones de violencia, que provocaban tanto rechazo en el centro y la derecha.

Hacia el lado derecho del abanico político la cosa no estaba mejor. Patria Libertad había perdido toda fe en las reglas del juego democrático. Lo mismo la derecha económica, los grandes empresarios, que desde el principio habían decidido impedir el asceso de Allende a como diera lugar. ¿Quién de ese sector todavía apoyaba con sinceridad la democracia pluralista?. El Partido Nacional, sin duda. Todavía mantenía ese partido su lealtad a la institucionalidad, incluso estaban de acuerdo en la necesidad de realizar algunas reformas. Pero la UP lo estaba sobrepasando. Por la profundidad y velocidad con que se estaban imponiendo los cambios. Lo mismo le pasaba al grueso de la Democracia Cristiana (incluido el Mapu, aunque por otros motivos), que progresivamente se irá acercando a la derecha.

Estos sectores desde el principio contaron con apoyo explícito de Estados Unidos, a través de la CIA. En cuanto ganó Allende la CIA intentó impedir el ascenso de Allende ofreciendo dinero y un trato político a la DC: que asuma Alessandri, luego de su victoria Alessandri renuncia y en esa elección se le da el apoyo a la DC. Cuando Frei rechazó la oferta, intentó persuadir a los militares seduciendo a su comandante en jefe, el pro-norteamericano René Schneider. Cuando eso falló, planificó su secuestro, para gatillar el golpe. Pero se produjo el primer asesinato político desde la década de 1830, provocando un efecto contrario al esperado.

El problema de la ingobernabilidad se planteaba incluso dentro de las propias fuerzas leales a Allende. La UP siempre fue una coalición de partidos independientes, que buscaban objetivos propios, por caminos distintos. Al establecerla se dio vida a un ente de coordinación llamado el “Comité Político de la Unidad Popular”. Este organo estaba conformado por un representante de cada uno de los partidos, bajo la fórmula de un representante, un voto. Sin embargo, este mecanismo electoral democrático nunca funcionó bien. Esta torta la cortaban los dos partidos grandes. Desgraciadamente nunca existieron reglas de procedimientos internos que permitieran regular el mecanismo de toma de decisiones. La verdad es que en debido a la falta de operatividad de este organo de coordinación cada partido tendió a actuar solo. Los socialistas, p. ej., impulsaron solos el proyecto de la Escuela Nacional Unificada, con oposición de los radicales e indiferencia de los comunistas.

La falta de líneas coherentes de acción era complementada con la indisciplina. La UP no contaba con ningún mecanismo de sanción para los rebeldes individuales o colectivos. Era normal que los líderes de las distintas facciones discreparan públicamente de Allende, sin que les pasara nada.
¿Qué había en común entre todas estas fuerzas? En realidad, solo la personalidad de Allende, que debía actuar constantemente como árbitro, en lo que llamaban entonces la mesa de tres patas (comunistas, socialistas y Allende). Pero no era nada de fácil llegar a acuerdos con partidos que siempre querían cosas distintas, que solían estar en desacuerdo en todo. ¿Qué hacer? Este problema que tenía como causa la existencia de diferencias ideológicas de fondo, se veía alimentado por la manera como se había conformado la burocracia de la UP. Para evitar que un solo partido controlara una repartición o una función, se había impuesto la costumbre de colocar representantes de los partidos más grandes en los puestos principales de cada institución. Si el superior era comunista, el segundo de abordo era socialista, y viceversa, Allí se producían roces habituales.

El papel de Allende de árbitro era difícil, porque muchas veces se trataba de asuntos sin solución. ¿Qué hacer? Muchas veces el mandatario sintió la tentación de actuar sin consultar a los partidos, de pasar por encima de estos partidos partidos indisciplinados, y comenzar a gobernar directamente con el apoyo de la gente (y para la gente). Pero la verdad es que no contaba con apoyo ciudadano suficiente como para intentar gobernar al margen de los partidos de la coalición..... salvo que las próximas elecciones dijeran lo contrario......

Con un precario apoyo en la izquierda, con una severa oposición de la derecha, Allende no tenía más alternativa, para gobernar, que formar alianza con la DC. De esa manera aislaba a la derecha y neutralizaba a los ultristas de la izquierda. Esta idea siempre rondó por las cabezas de los miembros de la UP, pero la verdad es que nunca se dieron las condiciones para que el pacto fuera posible. La DC no aceptaba la profunidad de los cambios impuestos. Si Allende quería ganarse el apoyo del centro, tenía que amortiguar el ritmo de los cambios.... El verdadero foco de todos los malestares eran las expropiaciones de empresas y fundos. El centro ya no aguantaba el impulso que se estaba dando a esto. Además estaba el proyecto de la Escuela Nacional Unificada, que disgustaba tanto a la Iglesia. Si Allende paraba esto, aunque fuera solo por un tiempo, el suficiente para que se produjera un acercamiento...... Pero la verdad es que eso no era posible. Aunque quisiera, el mandatario no era capaz de detener la dinámica de los cambios, debido a presiones que se sentían desde su propia coalición: las facciones extremas se habían tomado el asunto de los cambios en sus manos, y hacían todo lo que podía por acelerar las transformaciones, con tomas, acciones de fuerza, al borde franco de la ilegalidad. Cada vez que el mandatario anunciaba una medida moderada, dirigida al centro, la izquierda aumentaba las tomas, las ilegalidades, hasta hacer abortar la medida....

Estos datos son cruciales para entender todo lo que vino luego: desde el principio Allende, lider del proyecto popular, pretendida cabeza de las ilusiones de las masas, fue solamente un presidente de minorías.

¿Qué problema hay con esto? ¿Es posible que un gobernante con apoyo minoritario que lidera un proyecto de cambios pueda gobernar de manera efectiva?.

Por cierto, no. Pero los fundadores de la UP creían que la precareidad de esta base de apoyo se modificaría sola, una vez que se pusiera a caminar el proceso de transformaciones socioeconómicas: una vez que la economía comenzara a caminar a plena máquina, y de que se hubiera redistribuido las riquezas a los chilenos, el barómetro de las preferencias cambiaría a favor de la tesis del socialismo democrático. Allende sería mayoría, incluso más allá de los partidos, y la vía chilena al socialismo tendría su camino pavimentado.

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Datos del creador

  • Ignacio Muñoz Delaunoy
  • Oriundo de RM, Chile
  • Este blog fue creado para desarrollar un trabajo colaborativo con los alumnos del curso "Chile contemporáneo" de la universidad Finis Terrae.
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